domingo, 13 de octubre de 2013

La feria de los asnos

Desde la Edad Media se renueva periódicamente la feria de los asnos.

Atados a las barras del ferial, o todavía, a las cuerdas tendidas entre los árboles de la plaza del pueblo, los asnos esperan, la mayor parte sin impacientarse, un destino nuevo que no cambiará su situación.

Para unos el cabestro es la medida de una independencia aceptada e indiscutida. Para otros, vivaces, impacientes y nerviosos, es el lazo maldito del cual no logran deshacerse. A pesar de sus gesticulaciones, sus espantadas, sus coces, les vale muchas veces un suplemento de pienso con el que se piensa que se les va a calmar...

Observad la otra feria de los asnos con sus inmensas fábricas, sus grandes canteras y la multitud de trabajadores atados a la cadena, pegados a las máquinas y cronometrados sin piedad...

¡Mirad todos esos asnos de las fábricas, de los tajos y de los campos; es la imagen de la feria! Algunos resignados: el salario les parece eterno como su fatiga... cuando miran a sus compañeros más nerviosos, protestones y rebeldes, no se impresionan mucho... ¿Qué quieren los otros que reivindican siempre? ¡Un aumento de salario, un poco más de heno y avena, el mínimo vital! Con la satisfacción pasajera, ¡y qué satisfacción!, que sienten sus amos que se aseguran la tranquilidad que les permitirá seguir desarrollando su potencia.

¡Las riendas reforzadas! El salario mínimo asegura el desarrollo de un capital floreciente. ¡Hay que ser un asno para no comprenderlo!

¿Creéis que un asno de cualquier sindicato, ya sea escisionista, azul, blanco, rojo o/y negro puede comprender algo de la evolución capitalista? ¡No, como cualquier sindicato actual o futuro!

La feria es periódica. Los asnos siempre estarán atados por las riendas, las riendas del amo, el amo del pienso y del salario...

 Gastón Britel

 Año 1 Núm. 6 Mayo 1978
Año 1 Núm. 6 Mayo 1978

 

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