miércoles, 23 de abril de 2014

Contra los Mesías del proletariado (otra respuesta a Jorge Orts)


          Parece ser verdad que el anarquismo está en una tendencia ascendente en estos tiempos. Incluso podemos ver cómo, además de los anarquismos más clásicos, también surgen otros neoanarquismos y postanarquismos. Es más, si somos capaces de analizar mínimamente todas las luchas y movimientos sociales de los últimos años, parece que todas tienen en común, a grandes rasgos, Internet y una sensibilidad libertaria.

            Como es de esperar, al temer que las ideas libertarias tomen fuerza, hay quien tiene la necesidad urgente de atacar dichas ideas. Primero ha sido la policía, con todos esos supuestos casos de (intentos de) terrorismo. Ya vimos el supuesto material peligroso que incautaron los mossos. El primer caso de atacarnos, desde arriba. Pero, recientemente, he leído un comunicado publicado en la web tintaroja.es, de las Campañas de Juventud Comunista, que demuestra otro ataque al anarquismo desde la derecha.

Para empezar, es curiosa la calificación de “oportunista”, ya que el anarquismo no tiene un guía, un gurú, un Mesías o un salvador al que calificar como tal. El oportunismo es una característica individual, como por ejemplo se le puede atribuir a Lenin cuando escribió El Estado y la revolución, haciendo simpatías por todas partes, incluyendo al anarquismo, con tal de llegar al poder y hacerse el dueño del proletariado –a costa también de las posteriores masacres–.

Los viejos conservadores y liberales, solían decir algo así como que con los marxistas se podía discutir, porque iban leídos. Bueno, pues al parecer, el responsable de este comunicado y los que lo apoyan, han roto, para mal, con esa tradición marxista de leer. Es curioso como pone en primer lugar el autodenominado “socialismo científico” y cronológicamente después el anarquismo, además como una corriente idealista. Si hacemos un análisis clásico del socialismo, Proudhon habló de anarquismo ocho años antes de que Marx y Engels publicaran el Manifiesto del Partido Comunista. Y si somos un poco más abiertos, ya hay quien habla de Jean Meslier como anarquista sistemático entre los siglos XVII-XVIII.

Resulta, por otra parte, que… ¡oh, el anarquismo es pequeñoburgués! El texto coincide con las criticas marxistas del siglo XIX, no aporta nada; ni por novedad, ni por contenido. Ahí estaba Marx, no el pequeño, sino el gran burgués de la Internacional, que se la quiso apropiar y fueron los anarquistas los que dijeron que de eso nada. ¿Por qué iba a ser alguien propietario de los trabajadores? Claro, que el pequeñoburgués era Bakunin, quien luchó en las barricadas en Dresde haciendo honor a su discurso.

Se habla del poco peso que tuvo el anarquismo en la clase obrera. Seguramente, no han leído la historia de lo que hoy es el Reino de España. El impacto que ha tenido el anarquismo en la clase obrera del siglo XX, no lo ha tenido ninguna otra. Por lo tanto, ya no vale el argumento de higienismo social de Marx de que es la pequeñaburguesía, o el campesinado, o el lumpenproletariado. Si de algo valió Bakunin, fue por su visión compleja de las sociedades… Por eso en España se le conoció y tuvo influencia antes y mucho más que su contemporáneo Marx. Negar o eludir esto es simplemente desconocimiento histórico y teórico*.  

Estoy algo cansado de que los marxistas más dogmáticos utilicen una y otra vez el concepto de ciencia, cuando ha sido ya refutado mil y una veces. En marxismo no tiene nada de científico, no es una ciencia. Es más, su uso de la palabra corresponde más bien al de la secta de la Cienciología. Este uso del marxismo hace que sea considerado como pseudociencia, algo que, tanto Karl Popper en su tiempo como Mario Bunge en el nuestro han argumentado con una tremenda claridad. Una característica fundamental de la ciencia es que no es estática y, entre otros factores, los cambios de paradigma y la falsabilidad como actitud cuentan mucho. De esto, claro, ni un solo atisbo en el marxismo. ¿Cómo será una ciencia algo que no participa de sus características? Es más, siendo tan contrarias a la ciencia, incluso con sus libros sagrados –El Capital– ¿no sería, más bien, una religión? Si el marxismo es una ciencia, ¿cómo es posible que no haya nada que discutir? ¿Cómo es que hay ya una verdad revelada?

Esta hipótesis, aunque dura y provocadora, entre otras, me permite comprender los ataques inquisitoriales constantes de los marxistas a los libertarios. Así, podemos ver el ansia de control de Marx en la Internacional, el ansia de poder y dominación absolutista de Lenin y Stalin –y demás líderes supremos–, y así vemos el ansia y preocupación de este tipo de comunistas por conservar ese poder simbólico, cultural, que han mantenido por el momento. Eso les convierte directamente, a todos, en conservadores, en reaccionarios.

            Hemos resistido durante siglos, sea ante la policía del Estado, sea la policía de esa “izquierda” con complejo de dominatrix. Y ahora, cuando las ideas anarquistas, libertarias, comienzan a hacerse oír, en todas sus variantes, vuelven a la carga los viejos fantasmas. Pero nosotros no creemos en médiums…

Stuart Mill decía que había que permitir que todo el mundo hablase, no intervenir, ya que el tiempo pondría cada cosa en su lugar. Bueno, pues, que hablen y escriban todo lo que quieran: la sociología actual nos permite decir que las ideas y las prácticas libertarias están en auge y actualizándose y adaptándose a las nuevas realidades. Negadlo y atacadnos, igual que la Iglesia hizo con Galileo.

Salud y libertad.


*No entro a rebatir las oraciones sobre la teoría del anarquismo, porque lo que no es falso, es una malinterpretación. Ocuparía un grueso espacio y no me gusta perder mucho tiempo. Invito tanto al autor del artículo como a los que lo suscriban a leer sobre anarquismo, libros de historia, autores teóricos etc., ya que ahí, si no se lee con prejuicios –difícil tarea–, podrán ver la falsedad de los argumentos planteados. 


(Texto enviado al email en respuesta al texto "El oportunismo anarquista" de Jorge Orts)

El oportunismo leninista (Una respuesta a Jorge Orts)


Es frecuente escuchar que el anarquismo es una corriente similar al marxismo y que solo se diferencian en matices. Pero estamos ante una afirmación totalmente falsa. Desde el nacimiento del socialismo burgués de Marx surgen corrientes reformistas y colaboracionistas que intentan por medio de la conciliación de clases y el parlamentarismo, transformar el socialismo en una ideología funcional a la burguesía y el capitalismo. Desde el momento de la elaboración de la teoría revolucionaria de la conquista del Estado por Marx y reforzada por Lenin, el marxismo se convierte en un enemigo ideológico del proletariado.

El marxismo como pensamiento ideológico toma fuerza a mediados del siglo XIX. Las diversas corrientes que conviven en el marxismo son el fruto del movimiento reaccionario de sectores de la burguesía y del proletariado con ansias de Poder. El marxismo observaba perplejo como el movimiento anarquista crecía y avanzaba a pasos agigantados hacia la revolución social por medio de la influencia de las ideas libertarias en los sindicatos y asociaciones de clase, es por eso que el marxismo ha atacado frecuentemente a las ideas anárquicas, tildando al anarquismo de ideología pequeño burguesa, cuando ellos, los marxistas, con sus partidos reformistas históricamente han servido como una auténtica vanguardia de la burguesía fortaleciendo al Estado y con ello, salvando al capitalismo de su ocaso.

Los marxistas culpan a las malas interpretaciones de Marx del actual estado de cosas y de la decadencia de la antigua URSS,  sin embargo, el estalinismo y la posterior entrega en bandeja de la URSS a los Chicago Boys, no hizo más que demostrar lo que venía advirtiendo Bakunin e innumerables anarquistas acerca de las incoherencias del marxismo  y de la funcionalidad del concepto de Dictadura del Proletariado con el capitalismo: La Dictadura del proletariado se convirtió en una dictadura contra el proletariado y contra la gran mayoría de la población, donde una minoría oportunista decidía en nombre de la mayoría oprimida y explotada por el capitalismo de Estado. Burócratas ilumindados por una divinidad religiosa, donde Dios era Marx y la biblia, los manoseados manuales autoritarios del marxismo.

En 1868 Bakunin entra en la Internacional Socialista con el objetivo de defender las  ideas revolucionarias de las clases oprimidas: la destrucción del Poder político y declarar los medios de producción propiedad colectiva de los trabajadores. Ante esto, Marx y sus compinches inventaron calumnias contra Bakunin, acusándole falsamente de conspirar contra la internacional y de ser un espía ruso. Tales acusaciones se comprobaron que eran una vil mentira de Marx y Engels y que solo buscaban expulsar a los anarquistas de la internacional de los trabajadores y dejar terreno fértil para las luchas reformistas del marxismo.

Es necesario recordar que tanto el anarquismo como el marxismo-leninismo ven necesaria la desaparición del Estado, aunque de forma muy diferente. El marxismo coge al Estado como una entidad que tiene ‘conciencia de sí’ y  que por un simple manual de tinta socialista, la clase que ocupa el Poder del Estado un día ideal y mágico se juntará en asamblea y decretará por fin el comunismo. En cambio, el anarquismo es consciente de que el Estado es una estructura que por su misma naturaleza jerárquica es funcional a los intereses de la burocracia que ocupa el Poder del Estado y que es un sueño idealista de los marxistas la famosa extinción gradual del Estado, ya que dicha extinción paulatina se aleja de todo análisis científico y de la famosa dialéctica de la que tanto hablan los amantes de Marx y el Estado.  



(Texto en respuesta a  El oportunismo anarquista)

sábado, 19 de abril de 2014

Algunas diferencias entre los comunistas autoritarios y los comunistas libertarios

Los comunistas autoritarios se basan en el marxismo y el leninismo. Los comunistas libertarios se basan en el anarquismo y en autores como Kropotkin y Malatesta.

Los comunistas autoritarios desean la conquista del Poder Político y hacerse con el control del Estado. Los comunistas libertarios desean la destrucción del Poder Político y con ello, abolir el Estado y reemplazar la organización jerárquica de la sociedad por la libre federación de personas y grupos sociales.

Considerando lo anterior, los comunistas autoritarios enarbolan la bandera del Poder Popular como estrategia para consolidar un Poder en contraposición al régimen burgués y hacerse con el Poder del Estado para consolidar un socialismo de Estado. En cambio, los comunistas libertarios levantan la idea de la Autogestión social como estrategia revolucionaria para la socialización directa por los mismos trabajadores de los medios de producción y consolidar un socialismo libertario.

Los comunistas autoritarios no niegan necesariamente la construcción del Poder Político paulatino por la vía electoral y parlamentaria. Por el contrario, los comunistas libertarios ven en el camino electoral un mecanismo donde la clase dominante fortalece la dominación y por tanto son abstencionistas activos, es decir, critican activamente el electoralismo fortaleciendo las organizaciones sociales de manera horizontal y no promocionando el principio de autoridad, el intermediarismo y la jerarquía que caracteriza al parlamentarismo y electoralismo presidencial.

Los comunistas autoritarios ven en el sindicalismo una herramienta como trampolín para el Poder del Estado, en cambio, los comunistas libertarios consideran al sindicalismo como una vía práctica hacia la sociedad sin Estado ni capitalismo.

Los comunistas autoritarios desean organizar la economía por medio del Estado, es decir, de arriba hacia abajo, donde la dictadura del proletariado es una dictadura contra el proletariado y donde las decisiones son tomadas por una pequeña burocracia en el Poder. En contraposición, los comunistas libertarios desean organizar la economía sin el Estado, es decir, de abajo hacia arriba, de lo simple a lo complejo, mediante pactos libres entre diversas instancias sociales organizadas horizontalmente.

viernes, 18 de abril de 2014

Consideraciones sobre el Comunismo Libertario


En la región chilena existen serios problemas con la definición de comunismo libertario o anarco-comunismo. Por un lado en ambientes universitarios, el significado de comunista libertario es algo así como ‘un marxista pero no tan leninista como los otros leninistas’, por otro lado, en ambientes que podríamos catalogar como anarquistas con simpatías hacia tendencias insurreccionalistas o individualistas ser ‘comunista libertario’ o ‘anarco-comunista’ significa ser plataformista o directamente ser cercano al FEL. Ambos significados están errados y son fruto de la propaganda confusionista de tendencias marxistas o directamente de la ignorancia. El comunismo libertario o anarcocomunismo es una tendencia histórica del anarquismo y corresponde a una rama económica que ha sido bandera de diversas tendencias anarquistas: grupos de afinidad, federaciones, sindicatos, revistas, individualidades, insurreccionalistas, ecologistas, organizaciones políticas, feministas, etc. El Comunismo libertario o anarco-comunismo son sinónimos, pero también podríamos decir que la finalidad de los anarco-comunistas es vivir en el comunismo libertario, es decir, en una sociedad sin dominación, ni del Estado ni del Capital ni del patriarcado. El comunismo anarquista es muy anterior a la tendencia organizativa llamada plataformismo (tendencia que lleva pocos años en esta región) En Chile el anarquismo nació anarco-comunista, El Oprimido, órgano anarquista con una breve existencia en 1893 ya titulaba en su portada: Periódico Comunista Anárquico. (1)


Presentado de otra forma, podríamos decir que el anarquismo ha tenido tres grandes tendencias económicas: El mutualismo expuesto por Proudhon; el colectivismo anarquista asociado a Mijaíl Bakunin y finalmente, el comunismo anárquico, anarco-comunismo o comunismo libertario, -sinónimos todos- la tendencia económica más aceptada por diversas organizaciones internacionales y conocidos anarquistas como Piotr Kropotkin, Alexander Berkman, Emma Goldman, Rudolf Rocker y Errico Malatesta. Cabe señalar que el llamado anarcoindividualismo también ha presentado a través de diferentes autores algunas propuestas económicas o consideraciones del tipo. Si bien las diferentes tendencias económicas señaladas suponen cada una de ellas métodos diferentes de organización de las personas y distribución de las cosas, no necesariamente quienes han aceptado el comunismo anárquico como método y finalidad, han descartado por completo otros métodos económicos anarquistas, como es el caso de Luigi Fabbri, quien en su magnífica exposición libertaria en el libro Revolución no es Dictadura señala: "Aun en un régimen completamente anárquico estamos persuadidos que, aunque la organización de la producción y del consumo sobre bases comunistas será el tipo dominante y la regla general (y precisamente porque será una regla libre y no obligatoriamente impuesta a todos), no impedirá ella que subsistan —o por voluntad de los individuos o por especiales necesidades del ambiente o del trabajo— formas diversas de organización, colectivistas, mutualistas, etc., y aun algunas formas de propiedad individual, a condición de que ésta no implique sometimiento o explotación de nadie". (2)


El comunismo libertario o anarcocomunismo se distingue de las otras tendencias económicas del anarquismo en el rechazo total al centralismo organizativo de la sociedad y en la completa negación del sistema bancario/monetario. Los anarcocomunistas entienden que para construir una sociedad sin dominación es necesario acabar con la propiedad privada de los medios de producción y con el salario. Ante el egoísmo burgués del sistema salarial, los anarcocomunistas proponen repartir las cosas según las necesidades de las personas y no de acuerdo a la capacidad individual de cada uno para producir, por tanto, podríamos decir que el método económico del comunismo anarquista es una crítica total a la sociedad neoliberal,- y a toda forma de capitalismo- donde rige la meritocracia y el sálvate si puedes. En síntesis, el anarcocomunismo es un método económico y político revolucionario del anarquismo para construir una nueva sociedad, donde el apoyo mutuo expresado en el federalismo organizado entre libres asociaciones de personas  y grupos humanos se constituye como la base para las relaciones sociales, sin Estado y sin capitalismo. 

Algunas diferencias entre los comunistas autoritarios y los comunistas libertarios



Los comunistas autoritarios se basan en el marxismo y el leninismo. Los comunistas libertarios se basan en el anarquismo y en autores como Kropotkin y Malatesta.

Los comunistas autoritarios desean la conquista del Poder Político y hacerse con el control del Estado. Los comunistas libertarios desean la destrucción del Poder Político y con ello, abolir el Estado y reemplazar la organización jerárquica de la sociedad por la libre federación de personas y grupos sociales.

Considerando lo anterior, los comunistas autoritarios enarbolan la bandera del Poder Popular como estrategia para consolidar un Poder en contraposición al régimen burgués y hacerse con el Poder del Estado para consolidar un socialismo de Estado. En cambio, los comunistas libertarios levantan la idea de la Autogestión social como estrategia revolucionaria para la socialización directa por los mismos trabajadores de los medios de producción y consolidar un socialismo libertario.

Los comunistas autoritarios no niegan necesariamente la construcción del Poder Político paulatino por la vía electoral y parlamentaria. Por el contrario, los comunistas libertarios ven en el camino electoral un mecanismo donde la clase dominante fortalece la dominación y por tanto son abstencionistas activos, es decir, critican activamente el electoralismo fortaleciendo las organizaciones sociales de manera horizontal y no promocionando el principio de autoridad, el intermediarismo y la jerarquía que caracteriza al parlamentarismo y electoralismo presidencial.

Los comunistas autoritarios ven en el sindicalismo una herramienta como trampolín para el Poder del Estado, en cambio, los comunistas libertarios consideran al sindicalismo como una vía práctica hacia la sociedad sin Estado ni capitalismo.

Los comunistas autoritarios desean organizar la economía por medio del Estado, es decir, de arriba hacia abajo, donde la dictadura del proletariado es una dictadura contra el proletariado y donde las decisiones son tomadas por una pequeña burocracia en el Poder. En contraposición, los comunistas libertarios desean organizar la economía sin el Estado, es decir, de abajo hacia arriba, de lo simple a lo complejo, mediante pactos libres entre diversas instancias sociales organizadas horizontalmente.


Para ahondar más en el comunismo anárquico recomiendo una interesante propuesta concreta organizativa de la sociedad anarquista, que a la vez es una completa introducción a la economía del Comunismo Libertario, escrita por el compañero Daniel Ferri Ruiz, haciendo clic aquí  

@tierrarevuelta




martes, 15 de abril de 2014

El mito de la izquierda se cae de Maduro

A continuación comparto un texto publicado en el boletín de La Biblioteca y Archivo Histórico Social Alberto Ghiraldo de la región argentina (Año 3 Nº15, Abril 2014) pero antes quiero agregar algunas consideraciones a la lectura: 

Otorgarle la categoría de ‘espontánea’ a la revuelta de Febrero en Venezuela desde el lenguaje histórico del anarquismo es recordar los postulados de Mijaíl Bakunin, aquel revolucionario que deseaba la destrucción del Poder político para reemplazarlo por las fuerzas productivas y no tomarlo como la oposición venezolana; donar la categoría de espontáneo al movimiento contra el madurismo en Venezuela es intentar darle forzadamente la característica de auto-organización de abajo arriba a un movimiento que es dirigido por partidos estatistas, es decir, de arriba abajo por las cúpulas de los partidos organizados en la MUD, coalición de partidos de derecha y ultra-derecha que en la anterior elección presidencial en Venezuela obtuvo el 49.12% de los votos.

Por otro lado, como lúcidamente apunta Eduardo Colombo en una entrevista sobre el movimiento anarquista en 2012: “Se presenta al espíritu de todo militante cuando se discute sobre los movimientos, vamos a llamarlos movimientos espontáneos de masas; es decir, el hecho de que la gente se rebele y busque organizarse a través de movimientos en las plazas públicas, en la ocupación de ciertos espacios particulares (no es lo mismo ocupar las plaza que ocupar las fabricas), es visto como un movimiento de tipo espontáneo, y habría que explicar por qué se los considera espontáneos, porque no lo son especialmente. Algo de la experiencia histórica se reproduce en ellos (...)

Esto se produce de una manera que se dice espontánea porque la gente lo pone en marcha sin saber de dónde viene, pero el espontaneísmo, como siempre ha sido el caso, no expresa más que las tendencias que han arraigado y que no reconocen sus propias fuentes. Pero es lo que hizo la gente del pueblo el 18 de julio del `36, se levanta y se lanza a la lucha espontáneamente y comienzan a hacer las colectividades. Lo hacen espontáneamente, pero ¿por qué? Porque hubo 3 años de insurrección antes y 20 años de propaganda anarquista. Ese es el terreno para que la espontaneidad se exprese. Lo mismo pasa con los movimientos actuales, el hecho de que la estructura anti-autoritaria de las asambleas se produzca espontáneamente es la consecuencia de una tradición, una historia, que ha puesto ese tipo de problemáticas en el primer plano”. (Conversación con Eduardo Colombo durante el Encuentro Internacional Anarquista de St. Imier en 2012) 

En relación a lo anterior, podríamos contextualizar algunas cosas respecto a la sociedad y la historia del movimiento en Venezuela. A diferencia de como afirma Eduardo Colombo respecto al proceso revolucionario en España del primer tercio del siglo pasado, en Venezuela no ha habido 20 años de propaganda anarquista masiva, sino propaganda burguesa funcional al desarrollo del capitalismo y fortalecimiento del Estado, y cuando hablo de propaganda burguesa no me refiero solo a la difusión política de la derecha representada en la MUD y otras agrupaciones, sino también a la burguesía chavista que podríamos catalogar genéricamente como una tendencia de izquierda socialdemócrata populista/caudillista. Quiero decir, el actual movimiento en Venezuela es el fruto de años de disputa por el Poder entre dos fracciones de la burguesía, la nueva burguesía o boliburguesía y la vieja burguesía hambrienta de Poder. 

Ambas burguesías aparentemente antagonistas tienen muchos elementos en común: su arraigada cultura católica, el nacionalismo, el amor al Estado, el carácter militarista, la devoción por el dinero, la mistificación de las cosas en mercancías, el machismo profundo y la misoginia  sistémica. ¿Qué les diferencia? La boliburguesía se posiciona cercana a los gobiernos progresistas-neoliberales de “izquierda” de Sudamérica, y al igual que los gobiernos neoliberales de izquierda se muestran ‘simpáticos’ con el Estado en Cuba pero siguen siendo Estados democrático-burgueses con parlamento y propiedad privada de los medios de producción y la banca. La burguesía de derecha es cercana a los gobiernos de Estados Unidos, la derecha pinochetista chilena (donde se incluye ‘cómicamente’ a la democracia-cristiana que hoy gobierna en conjunto con La Nueva Mayoría en Chile) y al gobierno colombiano. ¿Qué las enfrenta? La administración del Estado, es decir, administrar las ganancias de la explotación petrolera (como bien describen en el siguiente artículo) y vivir cómodamente mientras el pueblo, siempre explotado y oprimido, alucina participar activamente en las decisiones del espejismo de la democracia representativa, bajo el yugo del salario y  la organización jerárquica de la sociedad. Como vemos, las principales diferencias en el actual conflicto de masas en Venezuela no son otra cosa que las disputas de intereses entre sectores que desean extender el dominio del Capital y el fortalecimiento del Estado. En breves palabras, tanto la burguesía chavista como la vieja burguesía venezolana forman un gran partido: El Partido del Poder.

También me gustaría señalar que cuando en el siguiente artículo afirman que “Las crisis de Venezuela siempre fueron asociadas, tanto por Chávez como por Maduro, a intentos de golpes de Estado o complots yankees, y codificadas como la lucha contra la derecha o el “imperialismo”. En coherencia absoluta, el discurso de Nicolás Maduro reitera que enfrenta un “Golpe de Estado”, que sería similar a lo sucedido en abril del 2002 con Hugo Chávez. La falsa dicotomía país socialista-potencia imperialista que denunciábamos más arriba se desnuda a su vez en los acuerdos comerciales entre dichos países”. 

Es cierto que es una táctica de los Estados acusar de enemigos externos o internos para fortalecer las políticas represivas contra las justas demandas del proletariado. Sin embargo, no es una garantía que existan acuerdos entre Estados o empresas de determinadas regiones para que sectores de la burguesía de los mismos Estados no desarrollen planes de intervencionismo golpista en los territorios donde poseen intereses. No es una condición imprescindible que se corten las relaciones diplomáticas del todo y los intercambios de mercancías para desarrollar políticas militares de los aparatos sediciosos correspondientes. Sabemos la ambición que reina en este mundo: si un contrato está firmado al 14% de impuestos, la burguesía explotadora hará cualquier cosa por bajar tal tasa. Tampoco podemos obviar que la burguesía no es un partido homogéneo, en cada región existen tendencias/intereses, muchas veces confusos, otras no tanto, pero que finalmente siempre responden al mismo afán acumulativo, donde el dinero es un Dios, las mercancías son biblias y rosarios, la propiedad privada es la religión del Capital y el nacionalismo, religión de Estado. (N&A)


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El mito de la izquierda se cae de Maduro

 

La situación social y económica de Venezuela, tras 14 años de gobierno chavista y poco más de un año de gobierno madurista, no podía arrojar más que los resultados que estamos viendo hoy. Es necesario entonces hacer un repaso histórico para contextualizar el presente estallido social. 

 

Esta sucesión de gobiernos “socialistas” y su crisis actual sólo puede entenderse y denunciarse a sabiendas de que el socialismo del que se habla es, sin lugar a dudas, un “socialismo” burgués. Es la socialdemocracia instaurando sus gobiernos “obreros”, reivindicando la soberanía nacional, la defensa de la economía nacional, pretendiendo gobernar para la clase a la que aplasta. Así, con estatizaciones, una gran renta proveniente del petroleo, una enorme burocracia, mucho nacionalismo y populismo, y palos y migajas para la mayoría del proletariado,  se gesta la revolución bolivariana, constituyéndose Venezuela en el bastión del tan de moda Socialismo del Siglo XXI (sobre el que ya hemos tenido oportunidad de hablar en el nro. 7 de La Oveja Negra).

 

Ahora bien, el hecho de que los medios de producción sean estatales o no, no cambia nada. A los proletarios no nos hace ninguna diferencia que quien nos explote sea un dueño particular, el gobierno nacional o una multinacional. El Capital no posee un único método para reproducirse, utiliza aquél que le sirve a los fines de una mejor reproducción, a su propia valorización. En este sentido, si utiliza el intervencionismo estatal y la lógica pseudo “socialista” sólo lo hace en las ocasiones en que le resulta beneficioso, en tanto concilia los intereses antagónicos de las clases y le permite continuar desarrollándose, ampliándose y utilizando a la población con la excusa del crecimiento de la economía nacional. Como una gran falacia, el “socialismo” burgués pretende que exista el socialismo en un sólo país, lo cual en tanto interés nacionalista (regional, parcial) no puede ser más que interés de la burguesía que apunta a la atomización del proletariado. Sea bajo la forma que sea, todo Estado es imperialista. Toda disputa o alianza entre Estados no es más que la consecuencia del desarrollo de las economías nacionales, es decir, de intereses burgueses particulares y nunca intereses del proletariado.


Las crisis de Venezuela siempre fueron asociadas, tanto por Chávez como por Maduro, a intentos de golpes de Estado o complots yankees, y codificadas como la lucha contra la derecha o el “imperialismo”. En coherencia absoluta, el discurso de Nicolás Maduro reitera que enfrenta un “Golpe de Estado”, que sería similar a lo sucedido en abril del 2002 con Hugo Chávez. La falsa dicotomía país socialista-potencia imperialista que denunciábamos más arriba se desnuda a su vez en los acuerdos comerciales entre dichos países. La búsqueda de ganancia, así como en otros contextos la necesidad de reprimir al proletariado en momentos de gran convulsión social, obliga a buscar algún nuevo vericueto discursivo para justificar alianzas y medidas. Así lo demuestran las medidas adoptadas por el chavismo frente a la producción de petróleo en su territorio.


Después del paro petrolero en 2002, el gobierno encabezado por Chávez se propuso recuperar las empresas petroleras del país. A partir del año 2005 se emprenden una serie de acciones para recuperar la Faja Petrolífera del Orinoco, considerada como el mayor depósito de hidrocarburos del planeta. Ya en 2007 se decreta la Ley 5.200, que instituye la nacionalización de la Faja. Se conforman numerosas empresas mixtas petroleras, en las que el Estado venezolano obtiene la mayoría accionaria mediante su empresa estatal de petróleo y gas natural Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA), recobrando de este modo el control -y gran parte de las regalías- de las empresas que estaban en manos de capitales internacionales.


A pesar de la exagerada y descabellada propaganda mediática contra el imperialismo estadounidense, un gran aliado en la conformación de estas empresas mixtas fue la multinacional Chevron, conocida por el desastre medioambiental que generó en Ecuador. Los defensores del “Socialismo del siglo XXI” como todos los defensores del capitalismo siempre tienen una justificación para estos negociados, cuando no es “estratégico” es simplemente “necesario”. En Venezuela el petroleo constituye la primordial fuente de ingresos. Los destinos de sus barriles de crudo son principalmente Estados Unidos y en menor medida Europa y algunos países latinoamericanos.


Los acuerdos económicos de las petroleras son disfrazados con discursos que apuntan a la «soberanía petrolífera» y a la promoción de las Misiones Sociales. Éstas surgen como iniciativa del gobierno nacional bolivariano y constituyen un conjunto de medidas para atender a los sectores populares del país. Su aparición ocurre dentro de un clima de conflicto social y económico, cuyos momentos más álgidos fueron el intento de Golpe de Estado en abril de 2002, el Paro petrolero de diciembre del mismo año y el Referendo Revocatorio de agosto de 2004. Al día de hoy, las empresas mixtas son reconocidas y vanagloriadas por «fortalecer la seguridad social del país» cuando crece el presupuesto asignado a las Misiones.

Si Venezuela consiguió durante mucho tiempo limitar el deterioro es porque su fuerza de choque petrolera le confiere una ventaja comercial y monetaria importante. Pero ésta no basta para garantizar la estabilidad de la moneda y la fuga de capitales, sumado a que la redistribución de la renta petrolera presentaba un riesgo inflacionario, hoy confirmado. Durante las últimas cuatro semanas el gobierno de Maduro anunció, prácticamente día tras día, nuevas medidas que prometen remediar la inflación y el desabastecimiento. Pero más allá de las apasionadas discusiones entre el gobierno y la oposición, el descontento se vivió en la calle.

Cuando la zanahoria se pudrió...
 

Ahora que todo estalló, que la inflación en Venezuela es la más alta de América Latina, que este gran cúmulo de hombres y mujeres arrojados a la miseria y sometidos al desabastecimiento y al hambre han salido a la calle, ya no puede dibujarse la situación con paliativos basados en medidas populares. Recientemente Maduro optó por decisiones similares con el objetivo de hacerle frente a lo que él denomina «guerra económica» o «sabotaje económico de facciones apátridas». Estas medidas, que van desde la Ley Habilitante de costos y precios justos, pasando por un nuevo sistema de subsidios para adquirir productos de primera necesidad, hasta la implementación de un nuevo sistema cambiario y la re-estructuración de la administración de las divisas en el país, apuntan al intervencionismo y a la estatización para reforzar la economía nacional. Tampoco servirán las disparatadas propagandas oficiales, movilizaciones pro-Maduro o las navidades y carnavales adelantados. Es momento entonces de mirar más de cerca qué es lo que sucede con el golpeado proletariado que habita la región venezolana.


El 4 de febrero se desataron protestas estudiantiles que tuvieron su génesis en la agresión sexual a una estudiante en la Universidad Nacional Experimental del Táchira. Algunos días después, el 12 de febrero, una manifestación estudiantil en Caracas desató una serie de revueltas en el país. Lo que comenzó como un reclamo estudiantil frente a la situación de inseguridad terminó con represión estatal y un saldo de 14 estudiantes detenidos. Las consiguientes protestas por la liberación de esos estudiantes fueron las que desataron la tensión que venía acumulándose en el contexto de la crisis económica, la situación de escasez de bienes de primera necesidad y de servicios básicos, así como el comienzo de la aplicación de un paquete de medidas económicas por parte del gobierno. Las manifestaciones se propagaron por otras ciudades, especialmente Mérida, Táchira y Trujillo y fueron igualmente reprimidas por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), además de los famosos grupos paramilitares financiados indirectamente e impulsados directamente por este Estado.


En este contexto, parte de la oposición, como los partidos encabezados por María Corina Machado y Leopoldo López, quisieron sacar provecho de la situación y llamaron a movilizar exigiendo, entre otras cosas, la renuncia de Maduro, en un intento de canalizar las protestas, legalizarlas, politizarlas. A su vez, los demás partidos opositores que forman la Mesa de la Unidad Democrática, especie de amalgama socialdemócrata, progresista cristiana, reformista, liberal (y podríamos seguir…) que constituye la principal oposición de Venezuela, se opusieron abiertamente a las protestas y realizaron un llamamiento a abandonar las movilizaciones durante tres días. Éste fue desoído por la gente que continuó en la calle, superando así la parcialidad de unos y la pasividad de otros, generalizando la protesta por gran parte de Venezuela.


Las movilizaciones se extendieron a muchos puntos del país y fueron convocadas en su mayoría mediante “redes sociales”. A su vez, en cada zona las opiniones y razones que impulsaron las movilizaciones varían. En el caso de Caracas fueron protagonizadas especialmente por sectores de clase media y universitarios, y los pedidos versaron sobre cuestiones políticas, como la renuncia de Maduro y la modificación del modelo social y económico. Al interior del país se sumaron sectores populares a la protesta, incorporando demandas sociales tales como la crítica a la inflación, la escasez y la falta de servicios básicos.


Luego de algunos días de relativa calma, el sábado 22 de marzo se reanudaron las manifestaciones y los enfrentamientos entre simpatizantes oficialistas y fuerzas opositoras. Esta jornada de marchas y contramarchas derivó nuevamente en disturbios y registró numerosos detenidos y tres fallecidos.


Las razones de la protesta van desde demandas en salud, vivienda, y abastecimiento de bienes de primera necesidad, hasta reclamos por la inseguridad. Sin embargo, estas jornadas de protesta, al margen de sus razones verbalizadas, de sus consignas en muchos casos limitadas, fueron crítica práctica y apuntaron a la destrucción de los símbolos e instituciones del Estado y del Capital. Hubo embestidas contra sedes de partidos políticos, tanto opositores como oficialistas; ataques a sedes de instituciones estatales y patrullas del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (principal órgano estatal de investigaciones penales). Además se registraron arremetidas al Hotel Venetur (de propiedad estatal) y asedios prolongados a la cadena de televisión pública Compañía Anónima Venezolana De Televisión (VTV). En Táchira hubo ataques contra la sede de la Fundación de la Familia Tachirense, en el municipio de Chacao contra el Banco Provincial y el Banco Venezuela, y en Barquisimeto, a la sede de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (CANTV).


Ninguno de estos ataques es salvaguarda frente a la posible codificación de las protestas hacia el pedido de reformas parciales, pero las movilizaciones, guarimbas (barricadas urbanas) y arremetidas por parte del proletariado de la región venezolana denuncian con palos y furia, una vez más, la inhumanidad del Capital, de su faceta democrática y sus partidos, de sus medios de comunicación, su brazo represivo y sus fuerzas de choque. Esta y otras revueltas de las que somos testigos, que suceden en diversos lugares y aparentemente por motivos distintos, si bien muchas veces resultan efímeras, poseen una conexión de intereses y de lucha contra la explotación, como la respuesta más humana contra la civilización, como crítica práctica contra el orden y sus representantes, como muestra del intento de imponer las necesidades humanas frente a las del mercado y las relaciones sociales capitalistas.


Y, como siempre, cuando la zanahoria se pudre... sólo queda repartir palos. El brazo armado del Estado, defiende con prisión y tortura su incuestionable propiedad privada. La represión por parte de la GNB, la SEBIN y grupos paramilitares logra disolver algunas protestas al mismo tiempo que desata otras. La represión sin miramientos, la detención y tortura, la militarización de la ciudad de Táchira, los allanamientos ilegales, entre otras, han sido la respuesta preferida del Estado venezolano a esta serie de ataques y revueltas, dejando como saldo hasta el momento 36 muertos, cerca de 400 heridos y 1600 detenidos.


Ahora que la perorata del poder popular muestra su verdadera cara, es momento de insistir en lo espontáneo de estas revueltas, y en que más allá de las consignas en  las que se verbalicen, son rupturas de la cotidianidad, expresión quizás parcial e incompleta, de una clase agotada de vivir y morir aplastada, ajena a su humanidad. Las diversas formas en las que estas condiciones se presentan bajo los diversos Estados no son más que las diversas caras de nuestra condición de proletarios. Comprender esto es comprender que somos parte del mismo ser, en tanto compartimos las mismas miserables condiciones de existencia y portamos la capacidad para terminar esta situación.

Fuente:  La Oveja Negra